Toros y fiestas

x_150_San Fermin 2Toros y fiestas
Celebrar con música sus faenas era como cantar ‘What a wonderful world’ tras la ejecución de un reo
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Es del escritor Eckhart Tolle la afirmación de que “la religión y el ritual pueden ser vehículos para entrar en la quietud”, y leyendo sus libros, es evidente que le ha funcionado puesto que se ha convertido en el escritor emblemático de la espiritualidad. Sin embargo, también es cierta la afirmación contraria, porque tanto la religión como el ritual pueden ser la fuente de la más turbulenta inquietud. De manera que todo es del color con que se mira, con los dioses convertidos en inspiración del bien o del mal, y con los rituales preservando los más bellos legados, o amparando los más funestos.

En estas estamos en los días estivales, cuando el ritual de fiestas sanguinolentas basadas en la tortura animal vuelve a los pueblos, para regocijo de la barbarie. Y como es de rigor, el pistoletazo lo dan los Sanfermines, convertidos en la fiesta mayor de las fiestas taurinas. Como cada año, pues, con la excusa de una vieja tradición, se usarán bellos animales para que miles de tipos se diviertan gritándoles, azuzándoles y finalmente matándolos en el coso taurino. Si en lugar de mostrar los simpáticos pañuelitos rojos y las camisas blancas, mostraran los cuerpos de los toros inútilmente masacrados, con el lomo lleno de heridas, la mirada vacía, la sangre borboteando en su último latido, si mostraran el lado oscuro de la luna sanferminera, ¿serían fiestas tan populares? Y dejo fuera del debate el resto de ítems, estilo borracheras, tocamientos a mujeres, exaltación del primitivismo, etcétera. Porque, al fin y al cabo, los seres humanos pueden defenderse del cromañón homólogo, pero los animales lo tienen más chungo. Y por ello su dolor, su tortura y su tragedia nunca existen en los pasquines turísticos. Y por no existir, ni tan solo existen en la conciencia de los miles que irán a divertirse obviando que su diversión se alimenta del dolor de seres vivos.

Lo escribe con acierto Carlos Pérez Cruz, músico de la banda de Pamplona, obligado durante años a tocar su música mientras masacran al toro. Dice: “Qué quieren que les diga, terminar celebrando con música sus faenas era tanto como cantar a coro What a wonderful world tras la ejecución de un reo”, y se ha hecho músico objetor. Como él, son muchos los que alzan la voz contra esa necesidad atávica y salvaje de basar la fiesta de las personas en el dolor animal, perpetuando la afirmación que los animales son de Dios pero la bestialidad es humana. Puede que los sanfermines y el resto de fiestas populares tengan mucho calado colectivo, perpetúen tradiciones, crean complicidades, movilicen recursos, puede todo, pero si ese todo se asienta en el dolor gratuito, en el desprecio brutal y despiadado a otros seres vivos, y si la muerte se convierte en motivo de regocijo popular, entonces ese todo no vale nada. Porque no hay una sola fiesta humana que merezca el dolor de un animal inocente.

Pilar Rahola
La Vanguardia. Barcelona.
11/07/2014

Fonte: http://www.pilarrahola.com/3_0/ARTICULOS/default.cfm?SUBFAM=39&ID=2122

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